¿No sabes qué comer hoy y te apetece algo realmente sabroso?
Olvídate de las pizzas habituales o de los platos precocinados y prueba algo verdaderamente especial. La Pinsa con gorgonzola es intensa, cremosa y está lista en pocos minutos: la combinación perfecta para conquistarte desde el primer bocado.
En este artículo descubrirás cómo usar el gorgonzola y con qué ingredientes combinarlo para preparar una Pinsa espectacular. Todo en 5, máximo 10 minutos.
Por qué la Pinsa y el gorgonzola funcionan tan bien juntos
El gorgonzola no necesita presentaciones. Se le puede amar o —con respeto— evitar, pero casi todos lo conocen. No en vano es el segundo queso DOP más producido del mundo y el quinto queso italiano más exportado, con más de 20.000 toneladas enviadas al extranjero cada año.
Y no es casualidad. De hecho, hay varias razones.
Gorgonzola: por qué gusta tanto
El gorgonzola conquista gracias a su sabor lleno, inconfundible y equilibrado. Su textura suave se funde con facilidad y libera un aroma intenso y persistente que combina de maravilla tanto con ingredientes dulces —como peras o miel— como con componentes salados o ligeramente amargos, como frutos secos o radicchio.
En la cocina es también extremadamente versátil: ideal para salsas de pasta, para enriquecer risottos y ñoquis, para acompañar carnes blancas o verduras de temporada y, por supuesto, para coronar focaccias y sándwiches gourmet. Allí donde aparece, aporta esa nota intensa que marca la diferencia.
Pinsa y gorgonzola: delicadeza y carácter en un mismo plato
Si el gorgonzola aporta carácter, la Pinsa tiene la capacidad de realzarlo al máximo. La base de Pinsa Di Marco, elaborada con una mezcla de harinas seleccionadas y una larga maduración, es perfecta para quesos ricos y cremosos como el gorgonzola. En el horno se funde y penetra en las burbujas de la masa, creando un aroma irresistible.
Juntos crean un equilibrio poco común: la Pinsa suaviza la intensidad del queso sin restarle protagonismo, mientras que el gorgonzola aporta personalidad y cremosidad a cada bocado. Ya sola está deliciosa… pero, como verás, basta añadir uno o dos ingredientes más para convertirla en algo realmente memorable.
Pinsa con gorgonzola: 4 recetas rápidas para disfrutarla al máximo
El gorgonzola es fantástico, pero tiene un carácter fuerte y decidido que no siempre lo convierte en el ingrediente más fácil de combinar.
Su cremosidad, en cambio, es sencillísima de aprovechar: se funde suavemente y se transforma en una salsa perfecta para la Pinsa.
Aquí tienes cuatro ideas rápidas, sabrosas y perfectas para cuando aprieta el hambre. Mínimo esfuerzo, máximo resultado.
Pinsa con gorgonzola, nueces y miel
Empezamos con un clásico infalible. Gorgonzola, nueces y miel forman una combinación que siempre funciona: la dulzura de la miel equilibra la fuerza del queso y las nueces aportan ese toque crujiente imprescindible.
La única “dificultad” está en las cantidades: demasiada miel puede resultar empalagosa; poco gorgonzola le quita carácter. El secreto está en usar la miel con moderación —un hilo fino es suficiente— y ajustar la cantidad de nueces según prefieras más o menos textura.
Para prepararla, precalienta el horno a 240 °C y calienta la Pinsa Di Marco unos minutos. Añade el gorgonzola a mitad de la cocción para que se funda sin quemarse y, al sacarla, completa con nueces troceadas y un hilo de miel. Pocos pasos, un resultado que sorprende.
Pinsa con gorgonzola, pera y panceta crujiente
Una combinación sencilla pero muy efectiva: la dulzura de la pera y el sabor ahumado de la panceta realzan la cremosidad del gorgonzola. Es un juego de contrastes que funciona: la pera refresca, la panceta aporta profundidad y el queso une todo con un sabor intenso y redondo.
Corta una pera no demasiado madura en láminas finas y distribúyelas sobre la Pinsa junto con algunos trozos de gorgonzola. Hornéala a 250 °C durante unos 5 minutos. Mientras tanto, dora la panceta en una sartén hasta que quede crujiente y añádela luego sobre la Pinsa caliente. El calor fusiona los sabores y derrite el queso a la perfección. En diez minutos tendrás un plato simple y sofisticado.
Pinsa con gorgonzola y radicchio
Entramos en el mundo de los sabores intensos. El radicchio, con su nota ligeramente amarga, equilibra la potencia del gorgonzola y a la vez realza su aroma. El resultado es una Pinsa con un sabor elegante y bien definido, ideal para quienes aman los contrastes.
Corta el radicchio en tiras y saltéalo brevemente con un poco de aceite, solo hasta que se ablande ligeramente. Distribuye el gorgonzola sobre la Pinsa y hornéala unos 5 minutos. Al sacarla, añade el radicchio tibio y un chorrito de aceite en crudo. Pocos ingredientes, sabor inolvidable.
Pinsa con gorgonzola, calabaza y panceta crujiente
Cerramos con una combinación un poco más elaborada, pero igualmente accesible.
La dulzura de la calabaza y su color vibrante combinan de maravilla con el sabor decidido del gorgonzola, mientras que la panceta aporta un toque crujiente que redondea el conjunto. Es una Pinsa rica pero fácil de preparar: perfecta para sorprender sin complicarte en la cocina.
Corta la calabaza en cubitos y cocínala con un poco de aceite hasta que quede tierna. Calienta la Pinsa uno o dos minutos, añade la calabaza y el gorgonzola a mitad de la cocción para que el queso se funda sin quemarse y termina con panceta crujiente. Si quieres, añade una hoja de salvia para aromatizar.
Es la Pinsa otoñal por excelencia, pero deliciosa en cualquier época del año.









