Con la carbonara no se bromea, y en Roma lo sabemos bien. Precisamente por eso, la idea de servirla sobre una Pinsa puede parecer atrevida. Sin embargo, funciona… y muy bien.
La Pinsa carbonara toma un icono de la cocina romana y lo traslada a una base diferente, con muy pocas adaptaciones respecto a la receta original. Una vez superada la sorpresa inicial, incluso los más puristas suelen apreciarla.
Aquí te explicamos cómo prepararla en casa. No es una receta de cinco minutos, pero el resultado merece la pena.
Los ingredientes: pocos, pero bien elegidos
La Pinsa carbonara no necesita muchos ingredientes. Y precisamente por eso, cada uno es importante.
Empieza con una Pinsa Romana Di Marco, una base ideal para una preparación rica como la carbonara, porque sostiene bien los ingredientes sin hacer el bocado pesado, dejando espacio al sabor.
Dos yemas de huevo. Son el corazón de la crema: deben ser frescas y tratarse con cuidado, porque de ellas depende la textura final, cremosa y envolvente, sin resultar pegajosa.
Guanciale en lonchas. Busca siempre un buen equilibrio entre la parte magra y la grasa: la grasa aporta suavidad, mientras que la parte magra intensifica el sabor y hace el bocado más limpio.
Pecorino romano y pimienta negra. El pecorino debe ser sabroso pero no excesivo: debe dar carácter, no cubrir todos los demás sabores. Atención a las cantidades.
La crema de huevo: el paso que marca la diferencia
En la Pinsa carbonara, la crema de huevo debe trabajarse con cuidado para que quede suave, aterciopelada y estable, sin convertirse en huevo revuelto.
Para prepararla, coloca las yemas en un bol al baño maría, con el agua a unos 90 °C. Remueve continuamente: las yemas empezarán a espesar y a transformarse en una crema lisa. El objetivo es calentarlas lo justo para que resulten cremosas, sin subir demasiado la temperatura, ya que podrían coagularse y estropear la textura.
Cuando esté lista, resérvala. Se añadirá después de la cocción, cuando el calor residual sea suficiente para realzarla sin cocinarla en exceso.
Cómo gestionar la humedad durante la cocción
Antes de continuar, conviene pensar en la humedad de la base: hay que evitar que se seque demasiado en el horno, respetando al mismo tiempo el carácter de una receta tan icónica como la carbonara.
Las opciones más sencillas son dos.
La primera consiste en preparar una ligera crema de pecorino, que ayuda a mantener el nivel adecuado de humedad durante la cocción. Pon agua y un poco de maicena en un cazo, llévalo a fuego suave removiendo hasta que empiece a espesar. Después deja reposar unos 30 minutos, añade el pecorino y tritura hasta obtener una crema lisa. Si es necesario, añade un poco más de agua para ajustar la consistencia: debe ser suave y fácil de extender, pero no líquida.
La segunda opción, algo menos fiel a la receta original, es utilizar una capa muy fina de mozzarella, suficiente para retener la humedad y sostener una cantidad generosa de guanciale.
Preparación paso a paso
Ahora todo está listo: la crema de huevo, la Pinsa Romana Di Marco y los ingredientes medidos. Solo queda montar el conjunto correctamente.
Una capa fina de crema de pecorino (o mozzarella)
Extiéndela ligeramente: su función principal es proteger la base durante la cocción y mantener la humedad adecuada. No exageres.
Distribuir el guanciale
Colócalo de manera generosa, sin superponer demasiado las lonchas. En el horno soltará su grasa y dará sabor a toda la Pinsa.
¿La pimienta antes o después?
Se recomienda una ligera pizca antes de la cocción: el calor libera sus aromas y potencia el sabor. Si lo deseas, puedes añadir un poco más al final.
Cinco minutos en el horno
Hornea a 250 °C durante unos 5 minutos. La base debe quedar crujiente y el guanciale bien dorado, sin quemarse.
Añadir la crema de huevo
En cuanto la Pinsa salga del horno, extiende la crema con cuidado. Debe cubrir ligeramente, no ocultar completamente la superficie.
Terminar con pecorino
Si ya utilizaste crema de pecorino, puedes añadir un poco más. Si no, un poco de pecorino recién rallado será suficiente para completar el plato.
La Pinsa carbonara está lista para servirse. El primer bocado revela el crujiente de la base, seguido de la crema suave que lo envuelve todo, y después el guanciale y el pecorino, sabrosos y aromáticos, con la pimienta uniendo los sabores. A partir de ahí, el segundo bocado es inevitable.
Es una carbonara diferente, sí, pero sorprendentemente fiel en espíritu.









